Si me das un cigarro, te regalo una sonrisa

Anita miraba con ojos brillantes como el humo salía desde el cigarro y se iba moviendo sensual y delicadamente, cogía su bote e intentaba atraparlo, pero se escapaba. ¡Por fin había encontrado un rival que jugara bien al pilla-pilla! No podía estar más alegre y Mirna disfrutaba de sus juegos mientras fumaba. Siempre que se veían hacían lo mismo.

-¡Ey! Si me das un cigarro, te regalo una sonrisa- Y allá iba la pequeña corriendo a tirarle de la manga a cualquier señor que pasara, con su cara de inocencia, la señalaba y sonreía, la señalaba y sonreía. Muchas veces se pregunta qué les dirá y que contestan estos... Suele inventarse cosas absurdas que luego comenta con la pequeña.

-¿Qué? ¿hoy qué he dicho?- le tendía el cigarro con mirada expectante y se sentaba a su lado en los escalones.
-Hoy...-estaba demasiado distraída para haberlo pensado, tenía que improvisar-hoy, como te has fijado en ese chico tan guapo, seguro que has ido, te has acercado y le has dicho que si te daba tabaco para mi, luego irías y le darías un beso acompañado de fresas y algo más. Siempre te ha gustado todo así y ese parece perfecto ¿verdad?
-Bueno...pero creo que hoy, prefiero fijarme en ti. Para algo nos vemos.

¡Cuánto le gustaban a Anita las sonrisas de Mirna!

1 comentario:

estrellafluor dijo...

Yo te aseguro que ella le hubiese regalado esa sonrisa, le diese el cigarrillo, o no.